Una mirada sobre los aprendizajes y tensiones de escribir en inglés desde América Latina, entre la búsqueda de visibilidad y el compromiso con lo local.
Para quienes investigamos desde el sur global, escribir en inglés constituye un ejercicio de desplazamiento y reconstrucción epistemológica. No se trata de un acto lingüístico vacío, sino de un proceso complejo de adaptación intelectual y simbólica que implica aprender a pensar y a producir conocimiento en una lengua que no siempre acoge nuestras realidades. En mi caso, el inglés es una lengua de posibilidad y precisión: un medio que me estimula a nuevas formas de razonar y comunicar. No obstante, este vínculo no es universal. Para muchos colegas, el inglés opera como un dispositivo de exclusión o como una exigencia institucional que añade presión a trayectorias profesionales ya marcadas por la precariedad y la desigualdad estructural del campo académico.
Publicar en inglés ofrece acceso a redes de circulación y reconocimiento simbólico. Permite participar en debates transnacionales, tender puentes entre comunidades académicas y proyectar visibilidad en sistemas donde el prestigio se mide en citas y métricas de impacto. Sin embargo, esta apertura también impone costos: la vulnerabilidad de sentir que la propia voz se filtra a través de estructuras editoriales que no siempre reconocen la pluralidad epistémica. A veces, esta exposición genera impotencia; otras, fortalece, porque escribir en otra lengua es también un acto de resistencia y creatividad.
Escribir en español, en cambio, es volver a casa. Es hablar para y con quienes comparten nuestros contextos y nuestros dilemas cotidianos. Cuando escribir desde y para el territorio no siempre es reconocido por los sistemas que miden la valía académica en citas y factores de impacto, publicar en español puede parecer un gesto pequeño, casi íntimo, aunque profundamente político: una afirmación de pertenencia y de responsabilidad hacia nuestro entorno.
Como investigadora en una etapa temprana de su carrera, intento construir una trayectoria sostenible, una que no sacrifique el sentido en nombre de la productividad. Escribir en inglés me proyecta hacia el mundo; escribir en español me ancla en él. Tal vez el desafío no sea escoger una lengua por sobre otra, sino tejer con ambas una forma de habitar el mundo académico que sea honesto y plural. Publicar, en la lengua que sea, trasciende la mera estrategia de visibilidad para convertirse en una práctica de mediación cultural que reafirma que, desde el sur, también producimos conocimiento que importa, interpela y transforma.
Dra. Yenny Hinostroza Paredes.
Investigadora IESED-Chile, Área Formación Docente para la Justicia Social. Académica de la Facultad de Educación, Universidad de Talca.